Creamos mejor, que en todo caso, me extraña
pero no me llama porque se le olvidó mi número y mi nombre.
-Y un día Gonzalo desapareció.
-¿Cómo que desapareció?
-Sí, no hablamos más, no lo cruce más. Desapareció. Fue un poco después de que terminara el mundial... ya estamos a fines de agosto y no supe más nada así que di por terminado todo y concluí en eso. En que desapareció.
Así había sido para mí. Y punto.
Un poco por eso y un poco porque estaba atravesando la etapa más depresiva del año, fue que llegue a esa conclusión. La realidad era que tenía pocas ganas de existir y muy pocas ganas de verle el lado positivo a las cosas. En lo que tenía que ver con Gonzalo, me conformaba con pensar que lo había disfrutado, que por fin alguien me había liberado (aunque sea por un tiempo) de esas sensaciones horribles y deprimentes, y que me había hecho reír de cientos de maneras. El problema también era ese. Ahora ya no tenía nada por qué sonreír.
Cuando Gonzalo desapareció empece a notar que mi alrededor estaba bastante vacío. Me di cuenta que toda esa quietud se parecía mucho a una anestesia total... después de la operación vinieron los dolores otra vez. No había ningún analgésico posible, por supuesto, porque estaba haciendo un duelo. Por mas anestesia que le diera a mi cuerpo, el despertar siempre iba a ser doloroso e insoportable y aunque me negara, sabía que era el momento de atravesarlo. Así que el hecho de que Gonzalo se hubiera borrado del mapa me daba la oportunidad de vivirlo.
Empece a pasar más tiempo en mi casa, deje la facultad por diversas razones y, para variar, comencé a verte de nuevo. Mis sueños eran mi refugio, el mejor momento del día, mi oportunidad de encontrarme con vos. Ahí navegaba entre conversaciones que se parecían mucho a las que seguramente tendríamos si no estuvieras muerto y recuerdos. Muchos, muchos recuerdos.
-¿No vas a tratar de ubicarlo? ¿Ver que pasó?
-¿Para? Dar vuelta la página es lo mas fácil y eso voy a hacer. Nunca fui capaz de despegarme de nadie y así me fue. Dejame sacarmelo de encima ahora y no me vengas con novelitas.
-Esta bien, vos sabrás.
Pero no, yo no sabía. No sabía nada sobre amor y por eso me iba como me iba. No porque haya sido demasiado curiosa o demasiado pesada. No. Me iba como me iba porque era incapaz de dejarme querer. Era incapaz de dejarme querer porque tenía terror de salir lastimada y así vivía, encerrada en mi mismo circulo vicioso.
Después de unos meses (para mí fueron cientos y cientos, pero en realidad fueron dos) conocí a otro chico y dí vuelta la página. Aunque no es cierto. Sí conocí a otro chico, sí sentí que pasaron cientos de meses, pero nunca, jamás, di vuelta de página. La verdad es que extrañaba a Gonzalo más de lo que quería creer y eso me asustaba. Mucho.
Me parecía absurdo extrañar a alguien que solamente quería. No estaba enamorada de él, no lo amaba. Lo quería. Nada más. Pero lo extrañaba. Tenía tantas ganas de contarle idioteces y que se ría... tantas ganas de abrazarlo. Nada más simple que eso. Pero Gonzalo había desaparecido. Y con él se habían ido mis risas. Sí, absolutamente preocupante.
Vos me decías que exageraba y yo te creía, porque generalmente lo hago y vos soles tener razón en todo lo que decís. Aun así conocí a otro chico y empece a verlo. Me gustaba, por supuesto que sí, porque parecía no querer encariñarse con nadie y yo necesitaba eso más que nadie. Me gustaba pero no era Gonzalo ¡Qué carajo me pasaba! Ahora era el punto de comparación con cualquiera que conocía. Lo bueno es que no lo creía perfecto, claro que no. Antes lo hubiese idealizado sin ningún problema y le hubiese puesto un rotulo de príncipe azul en la frente, pero con él era imposible. Estaba más cerca de ser un barrabrava que un príncipe. Y a mí eso me encantaba. Me encantaba porque sabía como eran las cosas y sin embargo no me hundía en eso, no salí corriendo espantada. Me quedé. Me quedé a conocerlo y se que él hizo lo mismo. ¿Qué hacía ahora saliendo con este pibe? Ni siquiera me hace reír. O sí, pero no es igual. ¿Qué hace Gonzalo en este momento? ¿Por qué me gusta tanto alguien que yo sabía que no era eterno? ¿Por qué tengo tantas ganas de verlo?
Gonzalo se había ido. Sí. Se había llevado consigo un montón de risas que me sacó durante los pocos meses que estuve con él (abril-mayo-junio-julio), se llevó momentos, se llevó llamados a las seis de la madrugada, se llevó mensajes de textos con canciones de cumbia, se llevó mis ganas. Y me dejó solo con ganas de verlo. Muchas. Y yo sabía que él estaba al tanto de eso. Porque también me dejó el imán. Ese imán que nos impedía separarnos cuando estábamos juntos. Ese imán que nos comunicaba las ganas de vernos. Ese imán que prácticamente nos obligaba a extrañarnos.
Entonces un día de septiembre Gonzalo volvió.
Y es ahí cuando empieza la verdadera historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario