4 de Mayo.
Puerta blanca. Enorme. Llaves en mano. Me parecía una locura estar parada otra vez en la entrada de tu casa, me hacía creer que estabas del otro lado, esperandome... ya se que no es así, creeme que se que no estas.
Unos días antes tu tío nos aviso que era hora de desvalijar la casa, tu casa, nuestro hogar. Camila, tan organizada como siempre, se encargó de todo. Nos llamo a cada uno de nosotros para decirnos que era el momento. Pero no pude entenderlo, ni siquiera quise hacerme cargo de lo que estaba escuchando. ¿Cómo íbamos a poder desarmar ese lugar sin morir un poco con vos?
Ahora estaba ahí, parada en tu puerta. Camila me llamó a la mañana para pedirme ayuda, no podía sola... Algo en esa casa la hacía morirse con vos, y no.
"-Necesito que termines esto por mí. Vení con amigas, con tu novio si queres... pero por favor, Gui, vení." Apenas escuchó el ruido de llaves vino a mi encuentro. Me insistió para que lo hagamos juntas, ya que yo había ido sola al encuentro, y como siempre, no había pedido ayuda para hacerlo. Vos hubieras entendido... ese rincón en el mundo es exclusivamente nuestro. Antes de irte me dejaste una lista con las cosas que había que hacer: guardar, donar, regalar, quemar.
Entre a tu casa y todavía estaba tu olor ahí. Inundaba las paredes y cada uno de los muebles, ahora cubiertos con sabanas, las mismas que cubrían tu cama, las de Independiente.
No me quedo otro remedio que subir a tu cuarto, vacío, solo una caja gris en el medio de la cama, junto a un sobre negro. No me acerqué siquiera, sabía perfectamente que había ahí adentro. Fui al armario, a los estantes de los cd's, abrí cada uno de los libros, en todas partes estabas vos. Todavía cuando abrís tus cajones se abalanza el olor a cigarrillo, el olor a perfume de hombre, el olor de tu piel. Todo tan tuyo, tan piel y abrazo y vos tan cercano.
Todo lo que sentí al abrir la puerta, al dar el primer paso, al entrar a tu habitación vacía de sabanas arrugadas y paredes oscuras, todo fue dolor, pero lo que más me golpeó en el medio del pecho, casi me asfixia, fueron tus zapatos del colegio, que se quedaron sin pasos, tan quietos.
Parecía haber viajado en el tiempo. Tus zapatos de escuela estaban ahí, inmóviles, como defendiendo nuestras primeras caminatas por calles y por plazas, como mostrándome otra vez cada uno de los recorridos que hicimos, las pelotas que pateamos... las corridas hasta tu casa, para llegar puntuales a la hora del té. Escuchaba tus palabras y veía cada uno de los momentos que pasé a tu lado, como si fueran nuevos, como si estuvieran pasando en ese momento. Entonces me los puse. Si, llamame loca, pero me puse tus zapatos.
Me quedaban gigantes, igual que siempre, pero esta vez tener esos zapatos puestos era un alivio. Recordaba como hace unos años atrás caminaba con ellos con mucho cuidado, tratando de no tropezarme, perdiendolos en el camino. Me miré al espejo, estaba en medio de tu habitación, tan sola como ellos, en medio del polvo, extrañándote. Nos hacías falta, ellos sin pasos, yo sin vos. Te extraño, Facundo. Todavía te extraño.
No importa el paso del tiempo. La muerte todavía no puede arrancarte de mí. No hay nada que me separe de tu mirada negra. Todo está unido.
Mi dolor, mi enojo, mi impotencia, mi llanto, mi culpa, mis insomnios, mis gritos en sueños en medio de la noche. A veces cuando me levanto escucho a mi abuela y mi mamá hablar preocupadas. Mi abuela le cuenta como por la mañana, casi siempre a las diez, grito desesperada y lloro. Cuando me levanto me pregunta discretamente que soñé y yo no lo recuerdo. Siempre a las "diez y pico", siempre a la hora que te cerré los ojos por última vez.
Me calcé tus zapatos y te dije: "Llévame". Empece a esperar algo como un milagro, qué se yo, que me nacieran tus pasos en los pies, que me respondieran todas las preguntas que me quedaron por hacerte. Como si tus zapatos supieran más que yo. Como si ellos pudieran descubrirme secretos que no contaste a nadie.
No. No hay nada más triste que estos zapatos sin pasos.
Entonces me invaden los recuerdos. Me hacen recordarte colorado y con anginas. Tapado hasta el cuello, con el pañuelo helado cubriéndote la frente. Con el uniforme sucio de jugar al fútbol y el pantalón lleno de barro. Comiendo con los codos apoyados sobre el mantel. Encogiéndote de hombros cada vez que tu mamá te decía: "Facundo, así no...".
Me hacen imaginarte indefenso y solitario. Quizás porque esa fue la última imagen que me quedó de vos... Te miraba y a pesar de estar destrozado y dolorido, sacabas tu mejor sonrisa del bolsillo y charlabas con nosotros como si estuvieras sano. Cuántas veces te habrás sentido mal, te habrá dolido algo y no lo dijiste para no preocuparnos, porque vos eras Superman, te gustaba serlo, jugabas a serlo y los demás se lo creían. Si, digo los demás porque cuando yo te miraba a los ojos veía perfectamente el dolor...
Me hace pensar en las cosas que no te dije. En las veces que te decepcione. En las cosas que me hubiese gustado preguntarte, en lo que me gustaría preguntarte ahora. Que se yo, venir a tu casa corriendo, igual que hoy. Abrir la puerta con la llave que esta en la maceta. Subir corriendo a tu habitación. ¡Facu! Me olvidé de decirte una cosa...
Quiero que vuelvas Facundo.
Lo digo. Si. Necesito que vuelvas.
No me importa que piensen que estoy loca, que me digan que nadie vuelve de la muerte, que no se puede llorar así clamando por algo que es imposible que pase algún día. No me importa. Yo igual quiero que vuelvas. Que hagas algo para volver. Que te escapes del silencio. Que saltes de las fotografías que están colgadas en tu habitación y me abraces.
¿Y si, por ejemplo, venís mas seguido cuando sueño? Aunque sea en sueños. Porque siempre sos una voz lejana, una imagen borrosa, una angustia en el medio del alma, una sonrisa enorme cada vez que eso pasa, la mitad de mi alma. Por favor, me conformo con que vuelvas en sueños. Y te sientes en frente así yo puedo mirar tus ojos negros y quejarme de tantas cosas. Si, igual que antes. Que saques tu guitarra y cantes Cerati. Que vayas a la biblioteca y saques el libro que esta ahí, "¿Lo ves? Ese, Facu, el de colores. ¡No! No quiero Caperucita Roja otra vez, ¡ya lo leiste! Trae ese Facu." entonces te escucho mientras me duermo tranquila. Vení.
Me acerco a la cama. Ya me saqué los zapatos enormes y recuperé los míos. Ya leí y hojeé cada uno de los libros. Ya te extrañé. Abro la caja y la encuentro. Mi regalo de vos y una carta. Carta que esta ahí todavía y me mira con ansiedad. ¿Para qué haces esas cosas? ¿Por qué una carta de despedida? Ponete los zapatos y vení a buscarme.
Mi celular suena en alguna parte de tu casa, que ahora es demasiado grande y demasiado vacía. La alarma de las 09:30 me dice que tengo que irme, que quizás algún día siga con esto... dejar todo por la mitad me recuerda que no puedo sola, que es hora de que de el brazo a torcer. Vos te fuiste, tus zapatos se quedaron vacíos, tu casa también, pero yo no estoy sola. Y vos no sos el único que esta conmigo. Capaz llame a Camila y le pida ayuda. Agarro la caja y me la llevo conmigo. Guardo la carta en el lugar mas escondido de mi cartera y me tomo tiempo para leerla. Esta vez tus palabras se van a quedar conmigo.
...Y pensar que hace apenas un tiempo estábamos en esa ventana conversando sobre lo que habíamos hecho en el día...
2 comentarios:
me dejaste sin palabras para hacer cualquier tipo de comentario pq me parece que te las llevaste todas en esta genialidad. sos increible guillermina, tengo una sola pregunta para hacerte ¿como haces para que la tristeza parezca tan hermosa? estoy orgullosa de que mi debilidad me haya obligado a llamarte, solo para ver despues semenjante obra de arte, porqe eso es lo que es. maravilloso gui, magistral y hermoso. ¿sabes quien se sentiria orgullosisimo? si, facundo.
se escuchan aplausos desde el cielo Enano, el cielo ese que es tu único techo.
te ama. cami.
yo sabia que tenia que leer este blog por una razón. tardo porque me conoces, no tengo tiempo para nada, pero apenas cami me llamo y me dio un adelanto por tel vine desesperada a leer y quede encantada, como siempre. es increible ver como creciste y la capacidad que tense para hacernos ver las cosas a tu manera. piel de gallina leyendo esto, lagrimas y de todo. te felicito capuchina. hermoso diario, me encanto!
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