martes, 25 de diciembre de 2012

El cielo - Parte dos



En todo caso le estaba dando las gracias porque aquella noche me había hecho muy feliz.
Por haberme hecho tan feliz, por haberme hecho el amor y el desayuno.
Gracias. Te amo.



24 de Enero - 2009.

(Diez minutos después del beso. Seguía si reaccionar.)

-¿En que te quedaste pensando?- 
Sonreí. No podía parar de sonreír.
-Que lindo que sos.- Y lo tire en la arena. El siguió mi juego y empezó a revolcarme también. Otro beso, y uno mas. ¿Y por qué no otro? 
Nos habían sacado de un film romántico. Eramos los protagonistas en la cúspide del amor. El escenario perfecto, el clima perfecto, él: perfecto.
Nos quedamos en la playa un rato largo, tratando de ponernos al día. Le conté todo lo que había pasado y se reía, me cargaba y me decía que él era un santo comparado a todas esas locuras. ¿Cómo le explicaba que ya lo sabía, que esa era la razón por la que estaba ahí?

Después de un rato de risas y besos en la arena, me propuso acompañarlo a su casa, donde íbamos a encontrarnos con sus amigos y de ahí a ver el partido a la casa de mi hermana. Boca-River, torneo de verano. Perdimos. Pero fue la primera vez que River pasó a segundo plano en mi vida. Ahora tenía otro amor para ocuparme. Mi mente y mi corazón se concentraban, pura y exclusivamente, en Mauro. No podía creer tenerlo tan cerca, tan mío, y mucho menos que nadie se extrañe de vernos tan bien. ¿Sería algo que le pasaba a todos? ¿Todos sabrían que teníamos que terminar juntos? ¿Hasta él? Otra señal para mantener las esperanzas.
Me cuidaba mucho, no quería que tome de mas, quizás por miedo a que le haga pasar algún que otro papelón  pero yo lo mire por otro lado, y me sentí cuidada, protegida, como cuando lo tengo cerca. Después nos fuimos a bailar, pero el no quiso entrar. Me prometió que nos íbamos a encontrar a la salida así que trate de disfrutar la noche con mi hermana y sus amigas, después iba a venir la parte difícil...
La noche se extendió mas de lo normal y cuando salí Mauro ya no estaba. Por suerte me cruce con sus amigos y me explicaron que se quedó sin batería y que estaba durmiendo en la casa. Para ese momento yo ya estaba lo suficientemente alcoholizada como para confesar todo sin tapujos así que los seguí y fui a buscarlo.
Ahí estaba, todo dormido y tranquilo. Cuando abrió los ojos me acostó al lado de él. No paraba de sonreírme  todo en su cuerpo me invitaba a pasar la vida al lado suyo. Su sonrisa me enamoraba cada vez más. Tenia ganas de guardármela en el bolsillo para siempre, de quedarme con un poco de todo de él. Sabía que no había sentido algo así por nadie. Con Mauricio estaría sintiendo puntadas en el pecho, con Agustín locura... pero nunca esto. Jamás esa paz, jamas pude respirar tan fácilmente. Jamas entró tanto aire a mis pulmones y a mi cabeza. ¿A qué le temía cuando lo dejé? Me miraba fijamente mientras yo pensaba y pensaba, me miraba y sonreía. 
-¿Qué estas haciendo acá? ¿Ves? No miento cuando digo que estas loca.-
-El trato era que me esperes...-
-Tardaste mucho. No quise molestar. Ademas, estaba cansado. Estoy todavía.-
-Bueno, vas a tener que dormir conmigo.-
-No tengo tanto sueño ahora...- Y me besó. Un beso dulce me sedujo por completo. El corazón empezó a latir desesperadamente y la sangre recorría velozmente todo mi cuerpo. No era un beso grosero, era dulce, era suave, era Mauro. 
Por primera vez en la vida hicimos el amor. Primera vez juntos, primera vez los dos. Fue una sensación que nunca había experimentado o que no recordaba haberlo hecho, sentir como ese vacío se llena por completo, como todas las piezas encajan a la perfección. Mi eje. "Cuando sentís que estabas incompleta y que de repente ya no lo estas". 
Lo miraba dormir como quien mira a un niño. Había estado tan ciega, tan negada. Mauro era todo lo quería y lo que necesitaba. Y tenía que saberlo. 
-Te amo.- Le dije con lo poco que me quedaba de aliento. Mientras dormía él, por supuesto.

Cuando abrí los ojos lo tenía sonriendo, inquieto. Había saltado de la cama y revolvía el armario. "¡Acá esta!" Agitaba un pulover celeste en la mano y me miraba como si yo entendiera lo que estaba haciendo... 
-Lo traje para vos. No se, me pareció que iba bien con tu color de ojos. Quedatelo. Pero ahora usalo, porque esta fresco.-
-¿Ya me estas echando?-
-No, bobita. Vamos a desayunar.-
¡Ese era el momento perfecto! Empecé a caminar sin saber muy bien para donde ir, entonces me agarró de la mano y otra vez, encontré mi rumbo. Y mi fuerza.
-Te amo.- Hizo el intento de corresponderme, pero lo callé. Era un "hable ahora o calle para siempre".- Y se que te lo dije muchísimas veces, y que vos ahora ibas a decirme el típico "yo también", pero hoy no se trata de eso. Hoy no soy tu amiga, ni tu mejor ex del mundo. Hoy soy Guillermina, que quiere a Mauro. Yo hice todo mal con vos, lo sé. Y lo hice porque nunca quise lastimarte y al final me termine lastimando a mí y alejándome del único que quería y quise siempre... - Callado. No había reacción, ni buena ni mala. Me estaba desesperando.- Vos no te merecías eso, sos un dulce. Mira, si hasta me trajiste un pulover para mí...- y señale mi nueva adquisición que ya estaba empezando a amar.- 
Entonces sonrió, con amabilidad, como de costumbre y me miró fijo. Se venía el final, yo lo sabía. Se venía la cachetada que me merecía. 
-Yo en este momento no quiero estar con nadie. Se que vos no sos igual a cualquier persona, pero de todas formas no quiero arriesgarme. Es un poco idiota, si, pero es lo que siento. Yo te amo, y vos eso lo sabes mas que nadie. Pero hoy no... ahora no.- Yo ya lo sabía, me lo esperaba, de hecho lo dije mil veces en este diario, pero no lo quería. Me hubiese gustado que Mauro me diga que si e ir a casarnos en ese momento a las vegas. Lo había perdido por completo, pero no me di cuenta... 
Llegamos a la playa y el desayuno nos esperaba. Quería mostrarme feliz, pero había algo que me lo impedía  Algo que opacaba lo hermoso que estábamos viviendo. Quería hacerle mil preguntas, porque las tenia en la cabeza y no me dejaban concentrar. "Ahora nada serio, ok, ¿pero después? ¿Yo soy candidata? ¿O no hay chance de que pase algo conmigo? ¿Es por todo lo que te hice? ¿O el amor simplemente se fugó? ¿Hay otra persona?"
-Se que te asusté mucho con lo que te dije, me doy cuenta porque lo veo en tu cara... el caso es que estuve siempre de novio. Con vos empecé a los 15 y fuiste la primera y la única. Dimos muchas vueltas y pasaron muchas cosas... sin embargo seguíamos juntos y eso a veces es medio descolocador. Después vino otra y también estabamos juntos. Siempre estuvimos juntos y en realidad nunca me quedo muy claro si era porque no queríamos de verdad o porque no nos queríamos despegar. Ahora no quiero pensar. Quiero tener un año tranquilo, lejos de esas inquietudes, pero no de vos. Si eso lo que estas creyendo. Un poco de paz, nada mas.-
Y así es como todo vuelve... hace unos años atrás era yo la que le pedía paz a ese hombre hermoso. Era un chico en ese momento y yo una idiota. Ahora que estaba lista para amarlo, me pasaba esto. 
Mauro y yo eramos felices. Fuimos muy felices, pero nos separamos. Y por toda esa felicidad que habíamos tenido yo iba a esperar, iba a aguantar lo que sea. Me di cuenta en ese momento que lo había perdido, pero no quise verlo. No hasta un año después. 




lunes, 24 de diciembre de 2012

El cielo - Parte uno

23 de Enero- 2009.


Hace dos segundos que floto en el aire,
hace dos silencios que mi beso arde.



-Me parece que llegó la hora...- Tu voz sonó con fuerza y firmeza. Y tenías razón esta vez, había llegado el momento. El momento de hacerme cargo de todo.
Mientras viajaba en el auto, rumbo a Gesell, apareciste. En mi cabeza resonó tu voz y sigo conservando esa sensación que me invade cuando eso pasa. Quizás fue el paisaje lo que me hizo traerte de nuevo, o quizás porque era el momento de cumplirte tu deseo: tirar tus cenizas al mar. Las llevaba en la valija, escondidas, y las cuidaba como si fueran la clave para traerte de nuevo, cual ave fénix. Esas cenizas ahora eran vos. Y yo tenia que deshacerme de ellas... tenia que arrojarte en el mar y dejarte ahí, para volver a verte, tal vez, en algún amanecer. Hacía tres años aproximadamente de tu partida, pero todavía me costaban ciertas cosas. No me alcanzaba con saber que estabas en todas partes, que mi cuerpo iba a ser siempre la casa de tu alma... 
Por otro lado, el verano me encontraba ansiosa. Estas vacaciones eran mas que un tiempo con mi familia y amigas... era mi reencuentro oficial con Mauro. ¿Nervios? ¡Un metro cincuenta de nervios soy!
Al lado mio, por suerte, viajaban la mitad de mi ejercito: Andi y Caro. Allá nos esperaba Eru. Íbamos a quedarnos una semana, ellas en algún alojamiento y yo en la casa de mi tía con toda mi familia. Mi mamá no me dio mucha plata, así que dormir de mi tía y estar durante todo el día y la noche con mis amigas, es la única solución que tenia. 
Por suerte encontraron un lugar donde quedarse y fuimos a la playa a la tarde. Todo me daba paz. Por suerte mis amigas hacían la espera mucho mas llevadera. No sabia todavía como iba a hacer para ir a verlo, pero algo se me iba a ocurrir. No podía parar de pensar en él. Me costaba verme porque hacía unos días estaba sufriendo el huracán de Mauricio y Agustín, no entendía como les había dedicado tanto tiempo que no se merecían. 
Mientras viajaba en mis pensamientos me llegó un mensaje de texto. Era él. Quería saber como estaba y si ya estaba en Gesell. El corazón se me salia de las manos y mi sonrisa me delataba. Nada me hacía mas feliz que tener a Mauro tan cerca. Sabía que todo podía cambiar de un momento para el otro, pero para eso tenia que decirle todo lo que sentía, sin miedos. 

Cuando el día terminó y el sol se escondió me alejé de mis amigas y me fui a mi casa de verano. Fui a buscarte para llevarte a donde querías ir y te solté en el mar. Junto con vos se fueron mis últimos latidos y muchas lágrimas (ojala te las hubieras llevado todas), se fueron mis recuerdos y tu sonrisa. Pero tu voz volvió conmigo y se quedó.
-Gracias por todo, Enano.-
-Gracias a vos, Universo. Gracias a vos.- 
Siempre ibas a ser parte de mí, estaba domesticada y eso no iba a cambiar nunca. Y ahora cada vez que vea una estrella voy a sonreirle, como si vos estuvieras sonriendo en una de ellas. Mi cielo esta lleno de vos, y así va a ser, pase lo que pase.

Volví llena de lágrimas pero nadie lo notó. Agarré el celular para contactar con mis amigas y ahí lo tenia: "tengo muchas ganas de verte, hermosa". Yo también tenia muchas ganas y necesitaba muchos abrazos. Necesitaba hundirme en sus brazos y olvidarme de todo, dejar atrás lo que había pasado estos últimos cuatro años que estuvimos separados. Quería decirle que era momento de retomar el tiempo, de recuperar lo nuestro, de volver a vivir... Pero me fui a bañar, y mientras lo hacia pensaba en todo lo que iba a decirle y en cómo. Planeaba en mi cabeza el momento perfecto y me preparaba mentalmente para la felicidad o la decepción.
Me cambie y sin cenar, me encontré con las chicas. Fuimos a la playa, donde unos amigos nos esperaban y nos quedamos ahí un rato. Todo estaba bien, pero yo no podía concentrarme, vos estabas en mi cabeza y Mauro en mi corazón. ¿Cómo hacia para manejar mis sentimientos? Para no desbordarme... 
Como no tenia ánimos me fui a dormir temprano. Casi me quedo dormida en la mesa de un bar, así que imaginate... a las chicas no les gustó mucho, pero les prometí que al otro día íbamos a ir a la playa temprano. 



 24 de Enero- 2009.

Me desperté con gritos del otro lado del teléfono. Mis amigas gritaban desesperadas, porque eran las cinco de la tarde y yo todavía no estaba en la playa. Me había quedado dormida. La ansiedad me había destrozado y después de 48 horas sin dormir, cuando caí en la cama no quise levantarme mas. Pero ellas se enojaron de todas formas, y me ofrecieron, ya que no había ido a la playa, ir a cenar a uno de los lugares mas caros del planeta tierra. Yo de antemano no tenia plata suficiente ($100 para una semana) y no iba a pagar $90 para una cena, así que rechace la oferta. 
Mientras discutía con ellas se acercó Fabiana. Estaba por irse a San Bernardo a la casa de una amiga (estaba tan aburrida como yo) y me preguntó si queríamos acompañarla. Mis amigas dijeron que no, pero yo sonreí por dentro. En esa playa se encontraba Mauro con sus amigos. Y mi hermanita, Romina. Así que agarré un bolso y me subí al auto. Acto seguido, redacte un mensaje comunicándole a Mauro mis planes. Aceptó encantado.
Todo el viaje fue una tortura, una lucha interna entre mi ansiedad por verlo y mis nervios por confesarle todo lo que sentía por él. Necesitaba que mi mamá acelere y llegué rápido, pero también que frene y me deje respirar. Llovían sus mensajes en mi celular, preguntándome por donde andaba y si faltaba mucho, quizás para él se estaba haciendo eterno, pero yo sentía que habían pasado cinco minutos. Me invadió el miedo, no estaba lista, no podía tampoco hacerle eso. ¿Quién me creía que era para ir después de cuatro años a decirle que estaba enamorada de él? ¿Qué me pasaba en la cabeza? Quería bajarme del auto y quedarme ahi, en el medio de la ruta... pero era demasiado tarde.
-¡Llegamos! Ay, Guillermina, cambia esa cara de pánico. ¿Qué te pasa?- 
-¿Ya llegamos? Me dijiste que íbamos a tardar una hora aproximadamente...-
-Y si, es lo que tardamos. Un poco mas porque fue un quilombo entrar. ¿Donde la encontras a Romina?-
-No, no la encuentro a ella. Me encuentro con Mauro.-
-¿¿Con Mauro??- Mi mamá no entendía nada. 
-Si.- No quise dar mas explicaciones.- Andrade y La costanera. Lo encuentro ahí.
Fabiana no preguntó mas y se limito a manejar, mientras yo lo llamaba y le avisaba que estaba llegando.
Cuando bajé del auto y lo vi no pude contenerme. Hacía tanto tiempo que no lo tenía solo para mí que inmediatamente me aferré a sus brazos. Era increíble como todo mi cuerpo me indicaba que lo había necesitado muchísimo. Mi mamá no entendió mucho por qué me encontraba con él y no con Romina directamente, pero Mauro, todo caballero, le explicó que iba a llevarme con ella. Por suerte no le dijo cuándo. 
Tenía tantas ganas de verlo. Lo vi tan hermoso que sentí que no había pasado el tiempo. Me parecía estar en el verano del 2005, cuando todo era tan fácil y estábamos tan cerca. Era mi sueño hecho realidad. Era un principe. Mauro era todo lo que yo quería. Pero lo había desaprovechado. Había arruinado mi oportunidad de estar con él y no sabía como explicarle todo lo que había pasado por mi mente. Tampoco sabía si le interesaba, pero igual quería intentarlo. Peor era quedarme con esta angustia por siempre.
-¿Te diste cuenta donde estamos?- Y no, no me había dado cuenta. ¿No era el mismísimo cielo acaso?- Si yo mal no recuerdo, señorita, acá dio su primer beso...- Un detalle. Un recuerdo que me era imposible ver en ese momento, porque lo único que venían a mi mente eran los mil besos que me había dado él. 
Sus ojos oscuros estaban cada vez mas cerca. Su sonrisa y su boca perfecta se acercaban, sus manos llenas de arena me agarraron. Me derretía, me moría por dentro, no sabía donde estaba parada... 
-Mauro...-
-Shh. No lo arruines.- 
"Un poco tarde", pensé, pero igual me deje llevar...




martes, 18 de diciembre de 2012

Nueva era


2009.

-Es lo que vos no vas a entender nunca... no importa todo lo que pasó, sos una buena persona, Enano. Y no te mereces el maltrato, por mas culpa que sientas. 
Eso me lo habías dicho hace bastante, pero estábamos hablando de Mauro y de mi tortura de turno, Mauricio. Ahora las cosas eran distintas. Mauricio había salido de la escena (al menos hasta nuevo aviso) y el nuevo co-protagonista de la historia era Agustín. Mi nueva tortura, mi nuevo martirio... mi nuevo ex novio. 
El año empezó con todo, como si fuera un aviso de como iban a ser los 364 días que quedaban. Yo había decidido no volver con Agustín (en caso de que no recuerdes el por qué te invito a espiar la historia yendo hacia atrás) después de todo lo que había pasado, y también había decidido volver con Mauro, aunque él no lo supiera. Pero vayamos por partes...

La noche de año nuevo fue normal. Cené con mi familia, en una quinta a la vuelta de mi casa, y después fui a encontrarme con las chicas, a la casa de Caro, como la tradición manda. Tomamos algo y salimos para el alemán. Por supuesto que ahí nos encontramos con muchos conocidos, por supuesto que estaban los amigos de Mauricio y creía que él no, que esa noche iba a evitarlo, pero apareció. Ahí estaba otra vez. Lo quería esquivar, sobretodo después de lo que viví la última vez, pero se acercó con su sonrisa perfecta a cuestas. No sabía como mirarlo, ni como hacer para no destruirlo a golpes, pero me contuve. Lo salude civilizadamente y seguí disfrutando de mi noche. Me había mentido a mi misma con el típico "año nuevo, vida nueva", así que me limite a disfrutar de mi engaño. 
Todo estaba tranquilo, la noche estaba hermosa y con la temperatura justa. Estaba con amigas bailando, hasta que lo cruce. Su estado era deplorable. Estaba tirado en el piso, solo, sin nadie que lo ayude. Completamente borracho. Sentí culpa y dolor. Muchísimo dolor de verlo así, destrozado. Sabía que no era solo por mí. Sí, lo que había pasado entre nosotros nos había destruido a los dos, pero Agustín tenia muchas cargas encima de su espalda y esa noche estaba intentando deshacerse de todas. 
Me acerqué para ayudarlo, y por supuesto, recibí insultos de su parte, pero no me importó. Busque a sus amigos, mientras le pedí a Caro que se quede con él y a un patovica que le traiga un poco de agua. No sé que hacía ayudándolo. Era la persona que hacía tres días atrás me había amenazado de muerte... pero yo sabía que muchas de sus reacciones eran producto de nuestra relación insoportable. Y quise creer que el hubiera hecho lo mismo por mí, en caso de verme tirada en el piso, borracha y completamente destruida.
Después de eso recibí un llamado telefónico pidiendo perdón y agradeciéndome por haberlo ayudado. Me alegró saber que, al menos, podíamos tener una conversación tranquila y en paz. Agustín y yo no eramos compatibles, pero no por eso teníamos que salir a matarnos.
De todas formas la madrugada del primero de enero no terminó ahí. Como te dije, Mauricio estaba en la fiesta, así que en un momento se acercó a hablarme. Esta vez no vino para servirme mentiras en bandeja, sino que pidió una tregua. Necesitábamos cerrar la historia, eso es cierto, y también aclararnos las cosas que sentíamos. Cuando la fiesta terminó fuimos a su casa. La casa a la luz del día parecía muy distinta a como la recordaba. Y Mauricio también. No tuvo intenciones de mentirme, fue una conversación totalmente sincera, donde quedo claro todo lo que habíamos pasado. Mi dolor y su miedo. Mi amor y su desconfianza. Sabíamos que no íbamos a estar juntos, por mucho que querramos o intentemos, así que lo mejor era dejar todo atrás para poder ser feliz con lo que venga. Él tenia la absurda idea de estar juntos siempre. Sin importar el rumbo que tomen nuestras vidas... algo así como amantes eternos. Pero yo no podía aceptar eso, no podía ni siquiera formarlo en mi cabeza. Mauricio me había dolido mucho, me había cerrado el pecho, y no iba a pasar por eso otra vez. Así que le dije "adiós". Nunca creí que podía ser capaz de despedirme de él. Era el ogro de mi vida. Una historia que creía que iba a llevar siempre a flor de piel, pero le dije adiós. Era lo mejor para todos. Lo mejor para los dos.

Haber hecho un cierre con Mauricio me permite enfocar mi mente en lo primordial para mí. Tengo una sola persona en mente: Mauro. Sí. Quiero besar a mi rana nuevamente, quiero poder convertirlo en el príncipe que no supe aprovechar...
En verano mis horarios cambian, por lo tanto me despierto con insomnio a las cinco de la mañana y del otro lado del monitor esta él, siempre conectado. Cuando lo encuentro conectado mi corazón empieza a latir desesperadamente. Es mi corazón el que me demuestra que no tengo que rendirme con él, que quizás tenga otra chance.
Hablo con Mauro hasta que amanece. Pongo la cámara web como para sentirnos un poco mas cerca. Lo quería tener cerca toda la vida, y ya lo sabía. Me costó mucho tiempo darme cuenta. Pasaron años, dolores, ex novios, pero él siempre estaba ahí, y eso tenía que significar algo. Confiaba mucho en el tiempo, y creía que iba a ser el que decidiría cuando íbamos a estar juntos. No me importaba el hecho de no tener una fecha exacta, porque estaba segura de que íbamos a lograrlo. Tampoco estaba 100% segura de que él quiera estar conmigo, pero había ciertas actitudes que me decían que si, que todo lo que yo estaba esperando, esperaba por mí. 
Para aclarar mis dudas empezamos a hablar de las vacaciones de verano. Mis amigas y yo habíamos arreglado para irnos a Villa Gesell, y él también se iba, pero a otra playa. Lejos. De todas formas nada me desalentaba, nos íbamos a encontrar en el mar. Él lo propuso y lo acepte encantada. Era imposible separarnos, estábamos acostumbrados a lidiar con la distancia y los viajes en colectivos para vernos. 
Estas conversaciones me daban esperanza. ¿De qué? De tener una nueva oportunidad. Se que no supe aprovechar mi chance con él, pero también soy consciente de que fue lo mejor. No solo eramos chicos, sino que yo no estaba totalmente preparada para él. Me dolía Mauricio en todo el cuerpo y no podía usarlo a Mauro de medicina... Necesitaba estar curada para darle todo el amor que se merece, y había llegado el momento. Lo sentía en todo el cuerpo, sentía las ganas de tenerlo conmigo, de abrazarlo... de no soltarlo jamás.
Ya era la misma persona, con el tiempo aprendí a amar, y amarlo. Se que también sufrí y quise mucho a otras personas, pero Mauro siempre fue mi prioridad. Siempre quise estar lista para él, aunque suene egoísta.  También podía ser rechazada y en caso de que así sea, lo tenía mas que merecido, pero este es el momento de jugármela entera por lo que quiero. Estas vacaciones voy a hacérselo saber. 
Mauro era todo para mí. Era mi eje, mi sol, mi alegría. Era revolución, cielo, arena, mar, euforia, dolor y reconciliación. Mauro era amor y es paz. Mi frenesí. Y quería que lo sea siempre. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Parece que fue ayer...


"En el fondo de esa extravagancia estaba el hecho inexplicable de que los dos estábamos haciendo algo que a la otra persona le parecía inconcebible: a él jamás se le pasó por la cabeza que yo fuera a dejarlo y yo nunca pensé que él lo iba a hacer tan difícil."


"No nos tenemos ni un poco de amor y sin embargo esto no se terminó. Y ahora pasamos de mal a peor... y si hoy te veo con él los mato a los dos."


28 de diciembre - 2008. 
12:00 pm


Que problema ¿por donde empiezo? Las cosas que pasaron estos días no tienen punto de comparación en terror con las cosas que pasaron esta madrugada... pero aun así tengo que contar todo. ¿Todo sobre quién? Todo sobre todos, Facundo. Agarrate, hoy voy a hablarte de Agustín y de Mauricio. Si, lo que escuchaste... volvió Mauricio. ¿O volví yo?
Era navidad. Como todos los años, cuando me ataca esa fecha, le mande el sms correspondiente a Mauro felicitándonos por otro año mas juntos (no se si recordas, pero él y yo nos pusimos de novios en navidad) y como siempre la respuesta de su lado fue buena. Ya no eramos novios, así que el mensaje no tenía sentido, pero el cariño seguía intacto. Ademas, yo estaba por poner en marcha mi plan de re-conquista, pero de eso vamos a hablar mas adelante. Mauro merece todo el protagonismo y hoy necesito detallar lo que pasó con esos dos monstruos.
Cuando se terminaron los brindis y la repartija de regalos me fui a visitar a mi otra familia: mis amigas. ¡Al fin podía estar con ellas las veces que quisiera! Otra vez hacer planes juntas, salir, bailar y señalarnos a los gritos cuando una canción nos identificaba, quizás emborracharnos... lo que sea. Mi vida había vuelto al lugar que le correspondía. 
De Agustín no sabia mucho, por suerte, así que no podía afectarme nada. Las cosas habían terminado de la peor manera. En pocas palabras, para que él acepte que yo lo estaba dejando le hice creer que estaba enamoradísima de un chico que iba al mismo colegio que yo. Una estupidez, porque nadie puede enamorarse de repente, pero me vino al pelo. Con el chico no pasó nada (nada que merezca ser detallado) pero para Agustín fue mas que suficiente. Claro que eso le dio pie a que desparrame mierda sobre mí por todos lados, pero sinceramente ya no me interesa. Lo único que necesitaba era tenerlo lejos, lejos donde ahora esta, y lo conseguí.
Ahí es como entra en escena Mauricio: como te dije, fui de Caro (una costumbre que fuimos adaptando con los años y que sinceramente espero que no termine nunca) y de ahí a recorrer el barrio, a buscar a Andi y ya que estamos... 

Mauricio estaba con sus amigos en la puerta de su casa. Fuimos solamente por un brindis y a saludar, ya que no soy la única con un deslumbramiento con los chicos de ese grupo, sino que Caro esta hace años enamorada de un amigo de él. ¿Querés mas motivos acaso? 
La visita fue corta, pero no por eso menos productiva. Mauricio, como siempre, aprovechó la situación. Me conocía, sabía a la perfección que soy débil ante él, y ademas, sabía que estaba pasando por el peor momento de mi vida. Me preguntó por mi novio, le expliqué lo que había pasado y se sonrió. Un descarado, se sonrió con esa típica sonrisa que hace cuando cree que ganó algo o al menos esta por ganarlo. Se sonrió como si le importara o le afectara. Él tenía novia, como siempre, pero yo no estaba muy al tanto de la situación. En fin, seguimos hablando, riéndonos un rato (otra cualidad de él, sabe como hacerme reír) y brindando. Como se nos hacia tarde para llegar al Alemán (eramos fanáticas del alemán, no hay navidad ni año nuevo que no nos encuentre en esas fiestas) nos fuimos despidiendo. Me acerco, por supuesto, y me agarra... ¡por supuesto! Ahí estaba yo, delante de Mauricio otra vez. Sonreía mientras yo vivía un deja vú. 17 de septiembre, esa sonrisa, como olvidarla... pero inmediatamente me acordé del caos del que venía. Y principalmente de la persona que no solo me hace reír, sino que me hace feliz: Mauro. 
Nos retiramos y llegamos a la fiesta, donde nos encontramos con muchos conocidos. ¿Y quién estaba? Si, Mauricio. Mauricio con sus amigos. Obviamente todas se quedaron cerca de ellos y yo no pude escaparme. Otra vez Mauricio ¿no iba a desaparecer nunca acaso? No podía distinguir si estaba borracho o aburrido, pero a penas me vio se acercó. Si, otra vez se acercó, que tipo insistente. 
-Te quiero, Boni.- 
-¿Me queres? ¿A quién le podes hacer creer semejante mentira?- Me hubiera encantado gritarle- vos no queres a nadie Mauricio, lo único que queres es complicarme la vida, siempre. Nunca me quisiste y nunca, jamás, me vas a querer.- 
Pero insistió. 
-Te juro que no puedo seguir sin vos. ¿Cuándo vamos a dignarnos a estar bien? ¿Cuándo vamos a estar juntos? Sin miedos.- Estaba escuchando lo que había querido escuchar siempre. Yo sabía que en el fondo Mauri me quería, pero también era consciente de que ese amor no era suficiente para ser la única. Aún así me deje llevar, me deje ilusionar con él y con sus promesas de amor eterno. Necesitaba creer en algo, necesitaba enamorarme. Y por qué no, un abrazo. Así que eso fue lo que hice. Lo abrace con tanta fuerza que me parecía que nunca más iba a soltarlo. Lo abrace por mí, por él, por todas las cosas que me hizo... por Mauro, por haber sido tan ciega, con él, con Agustín, con todos. Siempre mirando lo que no tenía que mirar, y haciendo la vista gorda con lo que me convenía. No podía soltarlo, y no porque fuera Mauricio al que estuviera abrazando, sino porque sentía que si me soltaba iba a desmoronarme en el suelo sin levantarme nunca más. ¿Por qué seguía lastimándome? ¿Por qué no podía quedarme tranquila, vivir la vida que quería vivir? ¿Por qué mierda no iba y le decía a Mauro que quería estar con él y no en lo brazos de mi ogro? ¿Por qué seguía permitiendo que Mauricio haga y diga lo que quería? Y no solo él, sino Agustín también. ¿Por qué me descuidaba tanto?
Cuando lo solté la realidad volvió a golpearme. Sentí otra vez como el pecho se me cerraba y me negaba el aire. Mauricio era una maldición, una encantadora maldición que te atrae, vendiéndote el paraíso, y cuando lo adquirís te das cuenta que llegaste al mismísimo infierno. Mi infierno personal. 
Llegué a mi casa y seguí con mi vida. No quería que ese encuentro me perturbe, pero al final lo hizo. Le creí otra vez a Mauricio... sus palabras habían llegado al lugar mas profundo: la esperanza. Me volví a preguntar como serían las cosas si estuviésemos juntos. Y con ese pensamiento seguí dos días mas, intentando buscar una respuesta.

Llegó el sábado a la noche y llegaron otra vez las salidas. Nos encontrábamos en la casa de Eru y de ahí salíamos. A ninguna le emocionaba mucho pero a mí, que no salía en paz hace mil años, esa situación me hacia la mas feliz del mundo. Era todo risas en mi mundo, hasta que llegó Carolina con dos ex compañeras mías del colegio. La que detestaba. Ahora tenía que salir con ella. ¡Que ganas las de Caro de amargarme la noche! Pero no me iba a arruinar la salida. No solo estaba con mis amigas, sino que Mauricio me mandaba mensajes... yo, haciéndome la dura, no le daba importancia, pero mi esperanza seguía ahí, no me abandonaba. Lo que me parecía raro era que Agustín seguía sin aparecer... y no porque necesitara tenerlo cerca, sino porque sentía que estaba cerca de todo el mundo, incluso de mis amigas, pero de mí no. Sabía que seguía hablando de mí, queriendole sacar información a mis amigas, pero no quise pedirles detalles nunca. Me limite a vivir esa gran noche con ellas, sin saber que iba a ser una madrugada para enterrar y olvidar.
Todas hacían movimientos extraños. Erika, Carolina y Melisa parecían estar en otro mundo, no podía descifrar su comportamiento, ademas, confiaba en ellas, mas que en nadie, así que no tenia que preocuparme. Cualquier cosa extraña, mis amigas iban a saltar por mí, de eso se trata. Pero no fue así. Después de un rato Melisa simuló estar aburrida y me propuso trasladarnos a otro bar. Le dije que sí. Cuando estábamos saliendo lo veo llegar. Mauricio y su amigo (el que le gusta a Caro) atraviesan la puerta del bar. Esperanza ya había cerrado la boca, así que deje que Meli me lleve donde ella quiera. Yo quería estar lejos de Mauricio. Mi corazón se merecía un descanso. 
Llegamos al otro bar y vemos a Erika charlando con Agustín. No podía creerlo. Era ella la que le proporcionaba información, la que le decía que hacía, que sentía, lo poco que lo quería. ¿Siempre iban a estar en mi contra cuando se trataba de él? Y las malas noticias no terminaban ahí. La culpa carcomió a mi amiga y terminó confesandome lo peor: Mauricio iba a estar con mi compañera del colegio, con la que mas detestaba... y Carolina lo sabía. Por eso me sacaron del bar. Por eso me incitaron a irme a otro lado. ¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué mis amigas hacían estas cosas? ¿Por qué seguía creyendo que Mauricio podía pertenecerme? 
No quise quedarme ahí, queria ir a dormir y no volver a despertarme, pero todas mis cosas estaban de Caro. La llame y le hablé como pude. Me tomé un colectivo y fui a su casa. Mientras caminaba por la calle lo veo. Si Mauricio era mi peor pesadilla, él era mi película de terror, volumen uno y dos. Agustín parado en el medio de la calle, gritándome, riéndose de mí. Me preguntaba si estaba perdida, el enfermo y la verdad era que sí. Me había perdido otra vez. Me había dejado ilusionar, por él, por Mauricio, por el maldito final feliz. Lo eché como pude, pero subió al auto y empezó a seguirme. Cuando llego a la casa de Caro estaba el auto de Mauri, con mi compañera adentro. ¿Algo mas, mundo? 
Entonces Agustín enloqueció. Verlo a Mauricio tan cerca mío seguro despertó algo en él, un odio insoportable. Me preguntaba si lo seguía amando, pero yo no podía responderle. No sabia la respuesta, había eliminado todo tipo de sentimiento, no sabía si lo quería, si lo amaba, si lo extrañaba... porque lo único que sabía era que quería volver a ser yo misma, y que él vuelva a ser el chico que conocí. Agustín ya no era la persona dulce y comprensiva de la que me enamoré. Y yo seguramente no me parecía en nada a la que enamoró a él.
-No te amo más.- Dije con lo poco que quedaba de mí.-Nunca te amé- Y era cierto, de hecho no lo conocía. Ese no era él.
Empezó a gritar que me iba a matar, lo dijo tres veces. Lo dijo con tanta furia que me asusté. Lo dijo tan seguro que le creí. Era lo que él quería, matarme. Y yo quería olvidarlo con todo mi ser. No me mató, pero el corazón me lo arrancó seguro. Y ahí sigue todavía.  Roto, destrozado, fuera de mí.