lunes, 15 de diciembre de 2014

Confesionario


Creo que nunca te lo dije pero hace casi cinco años que el amor nos transformó y ahora siento que el mundo tiene arreglo
Que agarrarnos de la mano por primera vez me hizo sentir arriba de una nube. 
Que cuando abro los ojos pienso inmediatamente en vos y si estas lado mio lo primero que busco es tu boca.
Que todos los regalos que te hago intentan ser la narración en forma de objetos de nuestra historia de amor.
Que guardo en secreto entradas de cine, teatro y papeles de regalos para mostrarle a nuestros hijos. 
Que me gustas más que todas las endorfinas que produce mi cuerpo. 
Que no cumplís con mi modelo mental de hombre ideal porque lo vivís rebasando. Que nunca en mi vida vi unos ojos tan lindos como los tuyos. Que no hay nadie en el mundo que me haya hecho latir el corazón tan fuerte como vos. Que no tenía ganas de hablar de amor hasta que te conocí. 

Lo que seguro notaste es que no vengo con marcas de nacimiento, pero si abolladuras. Muchas. 
Que me gustan las películas donde hay declaraciones de amor y pedidos de casamiento porque me hacen recordar que un día me atravesaste con tus chistes para quedarte. 
Que al principio creí que lo nuestro iban a ser un par de besos y un par de encuentros juntos y que cuando te fuiste me sentí aliviada por tener razón y a la vez triste por acertar siempre. 
Que tuve que verte volver una y otra vez para poder entender que vos también me querías y eso no era ningún delito. 
Que con vos confirmé que el amor llega cuando lo damos
Que mis brazos y mis piernas son todo lo que tengo, y todos mis sueños caben en ellos, y que mi boca es filosa como un cuchillo y muchas veces tengo miedo de dejarla suelta y lastimarte. 
Que me gusta escribir como me gusta el whisky y la música. Que me dan miedo los precipicios porque en las alturas me mareo, y que el perdón más importante es el que se da uno a sí mismo, y yo tuve que aprender a perdonarme para luego poder amarte. 
Que mi brújula existencial está medio fallada.  
Que es poco lo que tengo porque todo es transitorio y que mi corazón pesa mucho como para sumar objetos. 
Y que tengo la fuerza de un rinoceronte, por eso no me da miedo que me hagas trizas el corazón. Que me encanta estar con vos y también mirar fútbol, leer libros de madrugada antes de caer rendida y cocinarte una comida rica. Y que el nuestro es un paréntesis que podría no haber sido. Pero fue, porque nos animamos y nos amamos. Y gracias que fue, porque sino ahora los dos tendríamos un sueño dividido que no valdría tanto por separado (estoy segura). Porque desde que descubrí que tenías el mismo sueño que yo confirme que eras vos y mi cuerpo volvió a respirar tranquilo y mi vacío existencial se llenó por completo.  

Enamorarse (una y otra y otra y otra vez)

Y así fue como Guillermita en su irremediable soledad de aquella noche se fue a enamorar.


Me di cuenta que estaba enamorada de Gonzalo una noche, en mi casa. 
Me di cuenta de la manera mas absurda, pero así fue. Estábamos un poco borrachos, tirados en la cama, entre risas. En un momento nos quedamos en silencio, un silencio que para mí fue eterno y mientras lo miraba empece a notar todo lo que lo conformaba, todo lo que hacía que fuese él. Me enamore porque me di cuenta que tenia virtudes hermosas y defectos insoportables, pero que no me afectaban. Me enamore de él porque pude verlo. Sí, había tomado un poco de más, pero ese no es el caso... La cuestión es que estaba a punto de decírselo cuando me interrumpió. 
Me interrumpió y me dijo:
-Estoy enamorado de vos

Y fue en ese momento en que me di cuenta que clase de persona era. No antes, no después. En el momento en que vi sus virtudes y acepte cada uno de sus defectos. Me enamore de él cuando entendí que en realidad era noble y buena persona y no solamente un pibito que conoció a alguien en un bar y que estaba de paso por acá (y por unos cuantos lugares más). Me enamore porque no me dejó otra opción, enamorarme era inevitable (creeme, porque trate de evitarlo durante mucho tiempo y finalmente me di por vencida). 
Lo vi tan hombre. Tan lleno de buenos sentimientos y tan sensato para tantas cosas necesarias. Lo vi tan distinto a lo que me mostraba cuando recién empezábamos y tan diferente a la persona que era cuando estamos en público. Lo vi tan mio. Tan entregado a dejarme conocerlo, tan valiente por esa misma razón, tan interesado por lo que yo podía decir o hacer. Y lo vi tan libre que quise ser como él.
Lo vi tan parecido a mí, en tantas cosas y tan necesariamente distinto en muchas otras. Lo vi. Eso fue, Lo vi por primera vez, después de andar al lado suyo tantos meses, realmente lo vi. Le saque la máscara que yo misma le había puesto para alejarlo y me di cuenta que no quería tenerlo lejos nunca más. Supe que podía caminar al lado suyo y que nada malo iba a pasar, que el mundo no se iba a desmoronar y lo mas importante, vi que no me importaba si sufría o no... Estaba enamorada. Aceptarlo y entenderlo me había liberado de todos mis miedos absurdos. 
Y supe que lo acompañaría hasta donde pudiese, que me hundiría a su lado si era necesario, que lo intentaría todo con tal de estar juntos. Y a la vez comprendí que estábamos unidos por algo más que una simple relación o un intenso cariño. Pero no se lo dije, ni ese día, ni los que siguieron. Había sentido el impulso y cuando me interrumpió mis pensamientos se llevaron consigo la magia del momento. No se lo dije pero él siguió ahí. Lo volvió a decir unas cinco veces más y yo seguía en silencio. Un poco asustada todavía estaba, evidentemente. Además, todavía me resultaba irreal. Era la primera vez que mi amor coincidía con el de otra persona. La primera vez que amaba al mismo tiempo de ser amada. Demasiado bueno para ser verdad. 
Así que aguante lo más que pude hasta que lo vi escrito. Dos semanas después yo seguía sin comunicarle mi amor, pero eso a él no le importaba. Una noche, despidiéndonos vía sms lo dejo escrito. Lo dejó ahí, en el final, como si lo hubiese dicho desde siempre. Se despidió y agregó "te amo". Como si nada... Entonces supe que tenía que abandonar mi burbuja porque tenía mas para perder ahí que fuera de ella. Gonzalo era la persona que yo amaba y nada más entraba. Todo lo demás era un simple decorado. 


lunes, 8 de diciembre de 2014

La estrella

"Cuando mires al cielo, por la noche, 
como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, 
será para ti como si rieran todas las estrellas. 
Tú tendrás estrellas que saben reír."
El principito. 




"La vida sigue. La vida sigue. Sigue. Y el dolor desaparece." 
Esa fue siempre una de tus frases preferidas. Me lo habías dicho tantas veces y con tanta certeza que yo quería transformarla en mi mantra, pero no podía. No transformarla, sino creerte. Después de años de no tenerte y sentir el mismo dolor, sentía que tus palabras eran una estafa. Que la vida seguía, pero que el dolor se estancaba y no se iba nunca más. Me habías dado una certeza falsa. En pocas y vulgares palabras: me habías mentido con lo único que no podías hacer, el dolor

Una noche volviste a aparecer en mis sueños. Había humo por todos lados y estábamos en un espacio blanco. Al principio no podía verte, seguramente por el humo, pero después de unos minutos ahí estabas, totalmente nítido, tendiéndome tu mano. Habías venido, por fin, a buscarme. 
No puedo contar la cantidad de veces que me acosté deseando no volver a despertarme, para irme con vos. No podía pensar en estar despierta otro día más, sonriendo sin sentido, deseando constantemente tenerte conmigo. ¿A quién le contaba ahora las cosas divertidas? Así que te esperaba, todas las noches. 

Otra de tus frases usuales era una especie de amenaza... una demasiado extraña. Siempre me decías que tenga cuidado con la cantidad de deseos que enviaba constantemente al universo. Eran muchos y a veces no tenía consciencia de lo que estaba pidiendo o buscando. Me explicabas siempre que el universo te daba lo que necesitabas, pero muchas veces también lo que pedías, así que tenia que ser muy responsable con ese don.  
Entonces ese día, cuando viniste a buscarme, como tantas veces había deseado, no pude irme con vos. No quería. Habías tenido razón todo el tiempo. 

Viniste a buscarme y yo no podía moverme. Cuando me preguntaste qué me pasaba empece a darte una lista de nombres. Eran mis razones para quedarme. Mis motores para vivir. Vos eras (y vas a ser eternamente) el universo donde yo deposito toda mi fe y mi energía. El que me guía. Mi religión personal. Pero todo ese dolor tenía que desaparecer. 
Cuando me quede callada vos no hablabas. Ya no me tendías la mano. Ahora sonreías. Unos minutos después tomaste la palabra.

-Conozco a la mayoría de las personas que nombraste, no solo eso, también las esperaba. Ambos sabemos lo que amas a tu familia de sangre y lo importantes e influyentes que son en tu crecimiento personal. También me esperaba a tu otra familia, la que lograste de a poco, con esos amigos tan particulares que tenes (aunque ninguno como yo) pero a la vez tan buenas personas. Me gusta que hayas cambiado, que hayas crecido. Me gusta que tengas tantos amigos. Alguien tenía que obligarte a levantarte de la cama cuando te pones en modo depresiva, déjame decirte que elegiste bien. Resumiendo, me esperaba a todos ellos (y algunas que otras personas más) pero me agregaste a uno nuevo, que no se bien donde encajaría...- Sonreíste con esa risa maliciosa tuya, de costado, absolutamente provocadora. Y me miraste fijo. 
-¿Gonzalo?
-Creo que es momento de que te dejes de joder y lo dejes entrar. También es momento de que le digas que estas enamorada de él. Ese "te odio" patético que le lanzas cuando te dice que te ama no te lo cree nadie. 
-Sabía que en cualquier momento se venían las críticas. No pueden no estar presentes con vos. Por eso no me quiero ir, porque sos un pesado.
-No te queres ir porque tenes una vida hermosa, tenes que entenderlo y necesitas disfrutarla mucho más. 

Por supuesto que me había enamorado. Desde que Gonzalo apareció de nuevo en mi cumpleaños número 20, desde que lo había vuelto a ver, desde que lo había besado otra vez, no me había vuelto a separar de él. Hacía ya un año que estábamos juntos. Juntos, con todo lo que implicaba, pero sin ninguna presión. La vida con él se había transformado, y todo fluía con toda naturalidad. No forzamos nada, nunca. Y aunque muchas veces tuvimos nuestros deslices personales, jamás los utilizamos para lastimarnos y esa es una de las cosas más hermosas que aprendí. Que al amor hay que alimentarlo de confianza, paciencia y respeto. Sobre todo respeto. Pero todavía me costaba entregarme totalmente. Había sufrido tanto tiempo por amor que no quería seguir siendo lastimada, aunque también era cierto que no permitirme sentir nada también dolía. Dolía mucho más que cualquier otra cosa. Y por supuesto que él se había convertido en mi motor. Ahora tenía a quién contarle las cosas divertidas, y las tristes, y las que no tienen tanta importancia... Ahora tenía a quien contarle todo. Con quien contar, además. 

-Por eso mi estrella va a ser mi legado. Cada vez que tengas miedo, cada vez que estés triste o necesites un empujoncito mira a las estrellas, a esa estrella que vos elijas, e imaginame retándote o criticándote como vos decís...
-Y haces siempre.
-Callate. No te voy a decir dónde se encuentra, vas a tener que hacerlo sola eso. Pero te tengo fe. No la pierdas nunca y no le discutas tampoco. Te prometo que te va a dar la respuesta correcta. 

Cuando me desperté me sentí liviana de nuevo. Me sentí repleta. Sentí un golpe en la puerta, era mi abuela que venía a ver si me había despertado. Había encontrado un collar en su cajita de alhajas y quería saber si era mío. Ahí estaba mi estrella, la que me habías regalado para mis quince. Le dije que sí y le di un beso en la mejilla, sonriendo. Seguramente se asustó con mi reacción tan positiva, pero no pude evitarlo. Mi estrella estaba conmigo. Vos estabas conmigo. Eras mi guía. Y el amor que sentía el motor de mi vida. 

La vida sigue, de verdad. Y el dolor, un día, se vuelve más soportable. Otro día te sentís mas liviano y volves a reír con intensidad. Te levantas con energía, con ganas de moverte. Con ganas de vivir, de nuevo. Entonces, es cierto, miras las estrellas y todas tienen respuestas. Todas tienen tus consejos y tus palabras. Todas las estrellas tienen tu voz. Te tienen a vos. Yo, por mi parte, tenía mi fuerza, mi motor personal, mi historia de amor. La que más deseaba. La real. 
















martes, 2 de diciembre de 2014

Paréntesis

Creamos mejor, que en todo caso, me extraña 
pero no me llama porque se le olvidó mi número y mi nombre.




-Y un día Gonzalo desapareció
-¿Cómo que desapareció?
-Sí, no hablamos más, no lo cruce más. Desapareció. Fue un poco después de que terminara el mundial... ya estamos a fines de agosto y no supe más nada así que di por terminado todo y concluí en eso. En que desapareció.

Así había sido para mí. Y punto. 
Un poco por eso y un poco porque estaba atravesando la etapa más depresiva del año, fue que llegue a esa conclusión. La realidad era que tenía pocas ganas de existir y muy pocas ganas de verle el lado positivo a las cosas. En lo que tenía que ver con Gonzalo, me conformaba con pensar que lo había disfrutado, que por fin alguien me había liberado (aunque sea por un tiempo) de esas sensaciones horribles y deprimentes, y que me había hecho reír de cientos de maneras. El problema también era ese. Ahora ya no tenía nada por qué sonreír.
Cuando Gonzalo desapareció empece a notar que mi alrededor estaba bastante vacío. Me di cuenta que toda esa quietud se parecía mucho a una anestesia total... después de la operación vinieron los dolores otra vez. No había ningún analgésico posible, por supuesto, porque estaba haciendo un duelo. Por mas anestesia que le diera a mi cuerpo, el despertar siempre iba a ser doloroso e insoportable y aunque me negara, sabía que era el momento de atravesarlo. Así que el hecho de que Gonzalo se hubiera borrado del mapa me daba la oportunidad de vivirlo. 

Empece a pasar más tiempo en mi casa, deje la facultad por diversas razones y, para variar, comencé a verte de nuevo. Mis sueños eran mi refugio, el mejor momento del día, mi oportunidad de encontrarme con vos. Ahí navegaba entre conversaciones que se parecían mucho a las que seguramente tendríamos si no estuvieras muerto y recuerdos. Muchos, muchos recuerdos. 

-¿No vas a tratar de ubicarlo? ¿Ver que pasó?
-¿Para? Dar vuelta la página es lo mas fácil y eso voy a hacer. Nunca fui capaz de despegarme de nadie y así me fue. Dejame sacarmelo de encima ahora y no me vengas con novelitas. 
-Esta bien, vos sabrás. 

Pero no, yo no sabía. No sabía nada sobre amor y por eso me iba como me iba. No porque haya sido demasiado curiosa o demasiado pesada. No. Me iba como me iba porque era incapaz de dejarme querer. Era incapaz de dejarme querer porque tenía terror de salir lastimada y así vivía, encerrada en mi mismo circulo vicioso. 

Después de unos meses (para mí fueron cientos y cientos, pero en realidad fueron dos) conocí a otro chico y dí vuelta la página. Aunque no es cierto. Sí conocí a otro chico, sí sentí que pasaron cientos de meses, pero nunca, jamás, di vuelta de página. La verdad es que extrañaba a Gonzalo más de lo que quería creer y eso me asustaba. Mucho. 
Me parecía absurdo extrañar a alguien que solamente quería. No estaba enamorada de él, no lo amaba. Lo quería. Nada más. Pero lo extrañaba. Tenía tantas ganas de contarle idioteces y que se ría... tantas ganas de abrazarlo. Nada más simple que eso. Pero Gonzalo había desaparecido. Y con él se habían ido mis risas. Sí, absolutamente preocupante. 

Vos me decías que exageraba y yo te creía, porque generalmente lo hago y vos soles tener razón en todo lo que decís. Aun así conocí a otro chico y empece a verlo. Me gustaba, por supuesto que sí, porque parecía no querer encariñarse con nadie y yo necesitaba eso más que nadie. Me gustaba pero no era Gonzalo ¡Qué carajo me pasaba! Ahora era el punto de comparación con cualquiera que conocía. Lo bueno es que no lo creía perfecto, claro que no. Antes lo hubiese idealizado sin ningún problema y le hubiese puesto un rotulo de príncipe azul en la frente, pero con él era imposible. Estaba más cerca de ser un barrabrava que un príncipe. Y a mí eso me encantaba. Me encantaba porque sabía como eran las cosas y sin embargo no me hundía en eso, no salí corriendo espantada. Me quedé. Me quedé a conocerlo y se que él hizo lo mismo. ¿Qué hacía ahora saliendo con este pibe? Ni siquiera me hace reír. O sí, pero no es igual. ¿Qué hace Gonzalo en este momento? ¿Por qué me gusta tanto alguien que yo sabía que no era eterno? ¿Por qué tengo tantas ganas de verlo? 

Gonzalo se había ido. Sí. Se había llevado consigo un montón de risas que me sacó durante los pocos meses que estuve con él (abril-mayo-junio-julio), se llevó momentos, se llevó llamados a las seis de la madrugada, se llevó mensajes de textos con canciones de cumbia, se llevó mis ganas. Y me dejó solo con ganas de verlo. Muchas. Y yo sabía que él estaba al tanto de eso. Porque también me dejó el imán. Ese imán que nos impedía separarnos cuando estábamos juntos. Ese imán que nos comunicaba las ganas de vernos. Ese imán que prácticamente nos obligaba a extrañarnos. 

Entonces un día de septiembre Gonzalo volvió
Y es ahí cuando empieza la verdadera historia.